
El cáncer de ovario no es una enfermedad con gran incidencia. Se le conoce como el asesino silente pues debido a falta de síntomas se diagnostica tardíamente, cuando el tratamiento es menos efectivo. Por este motivo surgió la necesidad de buscar un método que detecte signos precoces de la enfermedad (screening).
La gran mayoría de los cánceres de ovario ocurren en mujeres sin antecedentes familiares. Aquellas que tuvieron la primera regla temprano y la última tarde, tiene un riesgo ligeramente mayor.
Sobre un 5% de los cánceres ocurren en mujeres que tienen predisposición genética. Así, mujeres con historia familiar de cáncer de ovario tiene un riesgo incrementado de padecer la enfermedad. El riesgo es mayor con dos o más parientes de primer grado afectados (hermana, hija o madre) y menor si son de segundo grado (abuela o tía).
La evidencia para implantar programas de screening de cáncer de ovario en la población general no está muy clara. El screening no diagnostica una proporción importante de tumores y puede detectar otros no cancerosos que se sometan a cirugías innecesarias.
El programa de screening de cáncer de ovario:
Consulta inicial: Se determina el riesgo de cada mujer y se le explica en qué consiste las pruebas de screening y cuáles son sus posibles desventajas. Si decide someterse a ellas, se le realiza una ecografía transvaginal para valorar los ovarios y una analítica de sangre para determinar el marcador tumoral CA-125.
El hecho de encontrar un quiste en un ovario no supone que vaya a existir un problema serio. Muchos de estos quistes solamente requieren monitorización y se resuelven espontáneamente. Si se detecta un quiste que tenga características que sugieran malignidad, se recomendará cirugía.
Consulta anual: Cada año se realiza una ecografía transvaginal y la determinación de CA-125 en sangre. Si surgiese alguna duda tanto en la ecografía como en la analítica de sangre, la revisión se indicaría antes.
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